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Artaud:
“Los músicos que
aparecen en este disco sólo están ligados a la idea de Pescado
Rabioso por las circunstancias de la grabación y a expreso pedido
de Luis Alberto Spinetta”. El texto estaba impreso en la
contratapa del LP, editado en Octubre de 1973, cuya portada era
deforme, con puntas que sobresalían hacia los costados, y que
llevaba el nombre de Artaud (en un principio el álbum fue
bautizado por la gente como “el deformé”, otros le decían
“ataúd”, por desconocer al poeta francés y porque la ´r´ de
Artaud era poco visible).
El disco fue grabado por
Spinetta, su hermano Gustavo y dos ex músicos de Almendra: Emilio
Del Guercio y Rodolfo García. Spinetta conservó el nombre de
Pescado Rabioso, más allá de la explicación dada más arriba por
Black Amaya, “Porque en realidad no me gusta un artista que se
llama Luis Alberto Spinetta. Me parece muy pomposo. Como es mi
nombre no lo puedo evitar, pero me gustaría más llamarme Jimmy
Choto... no sé. Esa fue una de las razones, lo cual no deja de ser
una perfecta idiotez. Otra razón fue que les quise demostrar a los
ex-miembros del grupo que Pescado Rabioso era yo”.
Artaud fue presentado en
el Teatro Astral en una serie de recitales por la mañana, tocando
Spinetta sólo con su guitarra acústica y, en algunos momentos,
acompañándose con una guitarra eléctrica. En los momentos previos
al concierto, mientras la gente entraba a la sala, se proyectaron
fragmentos de El gabinete del doctor Caligari (de Robert
Wiene) y Perro andaluz (Luis Buñuel y Salvador Dalí), dos
clásicos del cine mudo, con música de fondo de Pink Floyd
en su reciente álbum Dark side of the moon.
A cada espectador de la
sala se le entregaba una copia de un manifiesto escrito por Spinetta:
“Rock: música dura, la suicidada por la sociedad”, del
cual Spinetta dice: “no sólo estuvo motivado por mis lecturas
sino por el hecho de que existía un rechazo generalizado hacia el
rock de parte de quienes sostenían que no era música argentina y
que nosotros no formábamos parte de la sociedad y la cultural
local. Creo que hoy esa marginación ya no es igual, por eso
considero que la parte filosófica del manifiesto es más vigente
que aquellas partes donde hay apreciaciones en el campo de lo
profesional”.
Acerca de las lecturas de
Artaud que pudieron inspirar el disco, Spinetta dice: “Los
dos libros más importantes, que tienen que ver con el disco, son
Heliogábalo, el anarquista coronado y Van Gogh, el suicidado por la
sociedad. En realidad Heliogábalo me había impactado mucho más
pero no lo podía transcribir a la temática del disco. Luego, el
Van Gogh de Artaud me llevó a leer las cartas de Vincent Van Gogh a
su hermano Theo, de donde están sacadas varias imágenes de la
“Cantata de puentes amarillos”. Pero antes que nada te quiero
aclarar que yo le dediqué ese disco a Artaud pero en ningún
momento tomé sus obras como punto de partida. El disco fue una
respuesta –insignificante tal vez– al sufrimiento que te acarrea
leer sus obras.
“La
idea del álbum era exponer la posibilidad de un antídoto contra lo
que opinó Artaud. Quien lo haya leído no puede evadirse de una
cuota de desesperación. Para él la respuesta del hombre es la
locura; para Lennon es el amor. Yo creo más en el encuentro de la
perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que
mediante la locura y el sufrimiento. Creo que sólo si nos
preocupamos por sanear el alma vamos a evitar distorsiones sociales
y comportamientos fascistas, doctrinas injustas y totalitarismos,
políticas absurdas y guerras deplorables. La única forma de hacer
subir el peso es con amor.
“Los músicos de
rock somos tipos que estamos muy desorientados. Hemos involucrado
mucho a nuestro sistema neurológico y hemos aprendido muy poco de
la historia reciente. Pero hay algo claro: no podemos jugar a ser
Artaud. Eso significaría no haber entendido a Moris, no haber
entendido a Lito Nebbia, no haber pescado una. Si yo no hubiera
aprendido a salir de ésa y ubicarme en mi país, no estarías
conmigo en este momento: Spinetta sería apenas un nombre en una
chapita de bronce, chorreada de caca, en la inmensidad de algún
cementerio”.
A continuación van
reflexiones de Spinetta acerca de temas de Artaud, vertidas en el
libro de Berti:
Starosta el idiota: “Starosta
no es nadie y a la vez somos todos. Es un nombre que nos llamaba la
atención con Emilio (Del Guercio), desde muy temprano
(Se ríe). Cuando yo era chico había unas figuritas que se
llamaban Starosta y también una marca de cucuruchos para helado. En
la letra del tema no menciono ningún apellido pero a la hora de
ponerle un título me acordé de Starosta que, para mí, es el
nombre de un idiota. Nadie se puede llamar así. Imaginate que
Spinetta se parece bastante a Starosta... como si fuera un Spinetta
exagerado que termina siendo un idiota. En la canción le hablo a
esa parte idiota que tengo: “no llores más, ya no tengas frío /
no creas que ya no hay más tinieblas””.
Todas las hojas son del
viento: “(…) mi antigua mujer iba a tener un hijo con otra
persona. Yo ya había sellado esa relación para siempre con el
“Blues de Cris” pero nos seguíamos viendo y ella me contó que
tenía dudas de tener el bebé o no. Finalmente decidió tenerlo. Yo
escribí “Todas las hojas son del viento” porque en ese momento
ella era como una hoja en el viento, al tener que decidir algo
semejante”. Acerca del asunto de las drogas, Spinetta dice: “Nunca
hubo en mí semejante intención moralizadora. Yo no predico; yo
vivo y lo hago con un convencimiento. Pero en esa canción, cuando
digo “cuídalo de drogas” en realidad estoy diciendo: “Cuídalo
de tu propia droga”. Todos los que pudimos salir de la mano pesada
y mirar hacia atrás siempre concluimos que nuestros padres, la
sociedad, la bomba atómica, Hitler, la Iglesia... todo eso nos llevó
a consumir drogas, y ésa fue nuestra forma de relacionarnos con el
mundo.”
Por: “Es una lógica
medio surrealista. Esa canción la hicimos con Patricia, mi actual
mujer, una tarde, en la vieja casa de Arribeños. Como la música ya
estaba escrita todo fue cuestión de que las palabras entraran justo
en la métrica. “Gesticulador”, por ejemplo, está puesto para
que entrara a medida.”
Las
habladurías del mundo: “Entonces se comentaba que yo estaba
saliendo con tal o cual mina, o que me picaba, la canción responde
a todo lo que siempre se dice de alguien que es famoso, que se hace
público.”
Cementerio club: “Cuando
me preguntan en qué me inspiré para alguna canción, yo respondo
que muchas veces partía de la necesidad de hablar de otras cosas,
aunque finalmente terminé hablando de lo mismo que el noventa por
ciento de la gente. Casi siempre los primeros dos versos establecen
el código de lo que vas a decir y vos no podés dominar eso. Por
ejemplo, cuando escribí: “Justo que pensaba en vos, nena, caí
muerto”, no sabía que después iba a decir todo lo otro ni que
iba a terminar llamándose “Cementerio club”.”
En cuanto a la “Cantata
de puentes amarillos”, la letra se inspiraba, más que en
textos de Artaud, en las cartas que Van Gogh le enviara a su hermano
Theo, compiladas en el libro cartas a Theo que, dice Spinetta, “despertaron
imágenes en mí”. Spinetta llega a estas cartas después de
la lectura de Van Gogh, el suicidado por la sociedad, de
Antonin Artaud.
Un verso de la Cantata,
“Mira el pájaro / se muere en su jaula” corresponde
claramente al siguiente párrafo de una carta de Van Gogh:
“Un
pájaro enjaulado en primavera sabe poderosamente bien que hay algo
para lo cual serviría, siente poderosamente bien que hay algo que
hacer, pero no puede hacerlo. ¿Qué será?
No lo recuerda bien: luego, tiene ideas vagas y se dice:
“los demás hacen sus nidos y tienen sus pequeños y los crían”;
y luego se golpea el cráneo contra los barrotes de la jaula. Y la
jaula queda ahí y el pájaro está loco de dolor.
““Ese
es un holgazán”, dice otro pájaro que pasa, “ése es una
especie de rentista”. Empero el prisionero vive y no muere, nada
aparece por fuera de lo que le pasa adentro; está bien de salud,
está más o menos alegre bajo los rayos de sol. Pero viene la
estación de las migraciones. Ataque de melancolía. “Sin embargo
–dicen los niños que lo cuidan en su jaula–, tiene todo lo que
necesita”. Pero él sigue mirando, afuera, el cielo hinchado,
cargado de tormenta, y siente, dentro de sí, rebelión contra la
fatalidad. “Estoy enjaulado. Estoy enjaulado. Y, por lo tanto, no
me falta nada. Imbéciles. ¡Ah, por piedad, la libertad! ¡Ser un pájaro
como los demás pájaros!””.
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