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Pescado
2:
En octubre del ´72 Osvaldo “Bocón”
Frascino deja Pescado Rabioso para “emprender una búsqueda
religiosa” y, durante un tiempo, la banda vuelve a tocar como
trío, pero esta vez con Luis en guitarra y voz, Black Amaya en
batería y Carlos Cutaia en teclados, quien tocaba los bajos con los
pies, pulsando los pedales del órgano. Con esta formación
desembarcan en canal 11, donde estrenan temas de su segundo disco,
como ser “Iniciado del alba” y “Poseído del alba”,
“Como el viento voy a ver” y “La cereza del zar”.
En noviembre el trío vuelve a
internarse en Phonalex para grabar lo que luego sería Pescado 2,
su segundo álbum, que completarían entre noviembre de ese año y
febrero de 1973. Es en medio de estas grabaciones que se une al
grupo David Lebón en bajo, quien para ese entonces tocaba la batería
en Color Humano, banda de Edelmiro Molinari, ex guitarrista
de Almendra: “me hice amigo de Emilio del Guercio, a través de
quien conocí muy de cerca a Luis. Entonces se armó un amor muy
especial entre Luis y yo. Un día le pregunté si podía tocar con
él. “Vos estás con Edelmiro”, dijo. “No importa, dejo ya
mismo”. Cuando Luis dijo que sí fue como si el mundo de la música
me hubiese aceptado. Mientras tanto, tuve que decirle a los chicos
de Color Humano que viajaba a los Estados Unidos porque no sabía cómo
explicarles que empezaba a grabar el nuevo disco de Pescado Rabioso”.
De todos modos, algunos temas del disco, como “Iniciado del
alba” y “Poseído del alba”, ya habían sido
grabados para ese momento con bajos de Cutaia en el órgano.
Para
Spinetta, el incluir a Lebón en Pescado Rabioso produjo una
modificación en la dirección del grupo. Si bien hasta el momento
Pescado estaba formado, según palabras de Spinetta, por músicos
agresivos pero no demasiado creativos, Lebón, además de tocar bien
guitarra, bajo, batería y cantar, también componía: “En ese
disco –recuerda Lebón– yo grabé mi primer tema: “Mañana o
pasado”, que en SADAIC figura como “Hola dulce viento”.
Recuerdo que cuando le mostré esa canción a Luis, él se largó a
llorar. En esa época vivíamos juntos, en mi casa, durante casi un
año, hasta que yo me casé por primera vez y él se fue de casa por
decisión propia. Ese año lo conocí muy profundamente. Conversábamos
de la vida y de cosas espirituales, vivíamos mucho en la calle,
compartíamos mujeres. Éramos como la “extraña pareja”, e
incluso sé que se ha dicho por ahí que estábamos casi enamorados.
Supongo que quienes hablaban de una relación homosexual alimentaban
sus fantasías en el hecho de que yo, en algunas actuaciones, aparecía
vestido de mujer. Pero
eso era una broma”. En 1984 Lebón dijo al respecto que “cuando
tocaba en Pescado Rabioso quería ser una estrella, quería superar
a Spinetta. Cuando me vestía de mujer y todo eso, lo hacía porque
necesitaba que me miraran, porque me sentía solo”.
El
2 de febrero de 1973, Pescado Rabioso llena el Teatro Astral. En ese
recital Lebón sorprende al público con un vestido de mujer. Nota
de Pelo N° 34: “Pescado volvió a una sala grande y lo hizo
quizá más preciso que nunca, con una clara depuración en su
sonido y su estilo cada vez más pesado. Spinetta parece por
momentos transgredir sus propias propuestas musicales. O mejor
dicho, las que el público espera de él. Esto crea un cierto
sentimiento de desilusión en el público, pero a la vez resulta un
incentivo para la creación y para la percepción de nuevas y
diferentes entregas”.
Para
ese momento Spinetta estaba en su pico creativo; casi todos los
temas contenidos en Pescado 2 son ya clásicos, y acaso lo
mejor que se haya grabado nunca dentro del rock nacional, pero ese
también era un muy buen momento para los otros integrantes de la
banda. Recuerda Black Amaya para el libro Historias del rock de
acá, de Ezequiel Abalos: “Al año siguiente (por 1973) ya
éramos capos, tocábamos mucho y ganábamos un montón de plata. Ahí
me compré una batería Pearl. Un día me encuentro con Pappo, que
estaba tocando con Machi y Pomo, y me dice: “Nosotros somos Cream
y ustedes son Traffic”, y yo le dije “no, nosotros somos los
Rolling Stones y ustedes, Cream.” Siempre se lo recuerdo y se ríe”.
Finalmente, el álbum se editó como un
disco doble, uno llamado Pescado y el otro 2. La idea
de continuidad entre los dos discos estaba marcada claramente por el
último tema de Pescado (“Peteribí”) y el primer
tema de 2 (“16´´ de Peteribí”) que funcionaban
como puente entre los dos vinilos. Al mismo tiempo, el disco estaba
acompañado por un cuadernillo a cargo de Spinetta y “varios
colaboradores”, en el cual evidenciaba la dirección de su
proceso creativo en ese momento, además de explicar e ilustrar cada
tema del disco.
De
los temas del disco, “Cristálida” es el que se presenta
como más ambicioso, es el tema más imponente que Spinetta había
editado hasta el momento. David recuerda las sesiones de grabación:
“Trajimos a músicos del Teatro Colón para que tocaran las
partes de cuerdas. Los tenía que dirigir Cutaia pero los tipos lo
probaban, lo querían correr. Finalmente se dieron cuenta de que
Cutaia sabía de eso y grabaron sin vueltas. Nosotros nos sentimos
muy bien cuando Cutaia demostró que podía hacerlo”. A su
vez, Spinetta dice del tema en sí: “Creo que el verso clave de
esta canción es “cómo hacer que este valle de huecos no suba más
por mí”. Cómo hacer que los sueños mitológicos no perturben más.
“El valle de huecos” es el valle represivo del miedo, del
pecado. Las cosas más represivas del alma. El tema es anticlerical
y antidogmático. Después yo digo “No tengo más Dios” como un
grito de liberación. Yo buscaba la libertad pero mi sueño de
libertad se veía amenazado por los monstruos que yo mismo había
generado. Al decir “No tengo más Dios” decía: no al Dios que
yo reconozco en el Olimpo, quiero un Dios individual. Quiero mi
Olimpo propio, mis poderes propios, y no la alienación. La alienación
sería aceptar una represión del tipo religioso, o la inoculación
del poder religioso en la vida social.”
Otro tema imponente del álbum es “Credulidad”.
Según Spinetta, este tema habla “de la impecabilidad que debe
existir para sobrepasar los mares afectivos”, “Si en la
vida hay algo que marca (el “marcapiel”) es el amor. Creo que lo
único peor a sufrir un desengaño amoroso es que te torturen.
Cuando un amor se quiebra en el aire la herida es imperecedera, como
un estigma. Por eso, para olvidar a una persona de la cual uno está
o estuvo enamorado se requiere de cierta impecabilidad, porque si no
uno se convierte en un tirado, un paralizado. Yo estuve a punto de
convertirme en algo así, de no haberme encontrado con amigos que me
ayudaron y de no haber tenido determinado valor, porque hay algo
pasional en mí por lo cual yo moría cuando mis relaciones amorosas
llegaban a su fin.”
El disco, ya sea como unidad o ya sea
tomando cada tema por separado, era impecable. Tanto el público
como la crítica respondieron colocándolo desde un principio en un
lugar de privilegio dentro del cúmulo de discos del todavía joven
rock nacional. Pero, a pesar de esto, en el momento de aparición de
Pescado 2, el grupo ya se encontraba en proceso de disolución.
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